Tras 12 horas de conversación con las principales autoridades de los estados alemanes, la canciller Angela Merkel, emitió la decisión de establecer un confinamiento total de todo el país, durante Semana Santa, en el que incluso los comercios del sector alimenticio no podrían abrir. Horas después desistió de su idea y pidió perdón a los ciudadanos.

Para los alemanes, saber que no podrían salir de casa, ni acceder a ningún comercio si les surgiera la necesidad, desde el miércoles hasta el domingo, fue un golpe muy fuerte. La idea de cierre generó una lluvia de críticas que Merkel tomó en cuenta. Probablemente, solo las colas y el colapso que se hubiera generado en los supermercados habría sido incontrolable.

La canciller ha explicado que luego de una conferencia con los representantes de 16 estados del país, determinaron que no había tiempo para resolver los inconvenientes que traería el cierre. “Debemos tratar de frenar la tercera ola de la pandemia. Sin embargo, fue un error. Demasiadas preguntas, desde salarios perdidos hasta pérdida de tiempo en fábricas e instalaciones, no pudieron ser respondidas“, dijo Merkel.

En Alemania hay una constante de 100 casos por cada 100.000 habitantes. Según expertos un endurecimiento de las medidas, solo por cinco días, no generaría ningún cambio trascendental, reseña Dw.

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