El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha decidido suspender la gratuidad de las compresas para las mujeres brasileñas desfavorecidas. Los activistas han arremetido contra el presidente, diciendo que están indignados y que consideran su decisión inhumana y absurda, especialmente en un país que se enfrenta a una grave crisis económica agravada por la pandemia de Covid-19.

La ley proporcionó toallas higiénicas gratuitas a todas las chicas sin hogar, a las presas y a las adolescentes de las escuelas públicas. La legislación formaba parte de un paquete más amplio de leyes para promover la salud menstrual, que fue aprobado por los legisladores.

El Partido Socialista Brasileño, cuyos diputados fueron coautores del discutido proyecto de ley, también se pronunció al respecto. Una de ellas, Tabata Amaral, dijo: “El presidente mostró su desprecio por la dignidad de las mujeres vulnerables al vetar el plan la semana pasada“. Añadió a The Guardian: “Bolsonaro dice que este proyecto va ‘contra el interés público’; yo digo que lo que va contra el interés público es que las chicas pierdan unas seis semanas de escuela al año por estar menstruando.” De hecho, muchas chicas no tienen tampones que puedan utilizarse durante los días de la menstruación.

Muchos también han expresado su enfado en las redes sociales, lanzando el hashtag #LivreParaMenstruar (libre para menstruar).

Jacqueline Moraes, vicegobernadora del estado sudoriental de Espírito Santo, tuiteó: “¿Es un ‘privilegio’ para una mujer pobre tener derecho a un tampón? No, es política social, salud pública“. 

Para complicar las cosas, la grave crisis económica del país provoca desigualdades entre la población. En mayo, un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, y del Fondo de Población, UNFPA, descubrió que 713.000 chicas en Brasil viven sin acceso a un retrete; unos 4 millones de chicas no tienen instalaciones sanitarias adecuadas en la escuela, como toallas sanitarias y jabón; y al menos 200.000 chicas ni siquiera tienen las instalaciones sanitarias mínimas en la escuela, como retretes.

Detrás de la supresión de la legislación estaría la razón de que era demasiado cara para el país. Sin embargo, lo que resulta absurdo es que el Ministerio de Sanidad tenga que pagar los costosos tratamientos y cirugías derivados de las complicaciones que surgen después de que las mujeres utilicen elementos como toallas y ropa vieja durante su ciclo menstrual.

La situación en Brasil merece toda la atención. ¿Podrán los activistas, las chicas, los estudiantes y las figuras políticas hacer oír su voz?

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