El bebé de Vanessa Moran, Kylan Sherrill, nació y no pudo haber traído mayor alegría a la familia. El parto había salido bien y el pequeño parecía bastante saludable. Sin embargo, algo causó curiosidad en Vanessa, el niño tenía los pezones invertidos. Siguieron pasando los días y el cuerpo de Kylan empezó a cambiar: le habían crecido senos y empezaba a gotear leche de ellos.

“Estaba realmente sorprendida y no sabía qué hacer. Le dije a su padre y él también estaba realmente sorprendido. Pensé que algo andaba mal y me preocupaba que pudiera ser algún tipo de infección o incluso algo potencialmente mortal. Él era muy llorón y lloraba mucho cuando era recién nacido, le debió haber dolido un poco también“, contó Vanessa.

Los médicos le diagnosticaron galactorrea neonatal, una condición afecta solo al 2% de los bebés del mundo, tanto hombres como mujeres. Se produce por el exceso de estrógeno en el embarazo. “Sabía que iba a tener un niño durante mi embarazo y que nació con partes de niño, pero cuando vi el tejido mamario agrandado pensé que tal vez tenía partes de niño y niña, fue realmente confuso”, comentó Vanessa. Los especialistas le comentaron que para esta condición no había tratamiento pero que desaparecería con el tiempo y así ocurrió un mes y medio después.

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