La madrugada del 30 al 31 de octubre, los relojes españoles deberán atrasarse una hora y pasarán de marcar las 3 de la mañana a las 2. De esta forma, quedará inaugurado el horario de invierno con el que amanecerá y anochecerá antes.
En el año 1981, la Unión Europea acordó cambiar el horario dos veces al año. Sin embargo, no es una medida que tenga una gran acogida y algunos expertos aseguran que supone una alteración del ritmo biológico.
El cambio de hora se hizo en España por primera vez en 1918. Ante la escasez de carbón, durante la Primera Guerra Mundial, el país optó por esta medida para ahorrar energía. Desde entonces, continuó haciéndose de manera irregular. A lo largo de la historia, 140 países han cambiado su horario en algún momento, pero solo 75 continúan haciéndolo en la actualidad.
En 2018, la Comisión Europea hizo una consulta para saber qué pensaba la ciudadanía sobre el cambio de hora y el 84 por ciento de los europeos se mostró en contra. En la encuesta opinaron 4,6 millones de personas, alcanzando un récord de participación.
Los españoles contrarios superan el 95 por ciento, y pese a que se planteó un debate para establecer un único horario, la pandemia frenó toda iniciativa. En caso de suprimirse el cambio horario en un futuro, “se cambiaría para todos los estados miembros”, imponiendo la decisión a toda la Unión Europea.
¿Qué opinan los expertos?
Los niños y los ancianos son los más afectados a este cambio de hora. Los principales síntomas son una sensación de jet lag y cansancio, pese a que con el cambio de invierno se duerme una hora más.
Sin embargo, los efectos no suelen durar más de tres días, ya que el cuerpo humano se adapta rápido a los cambios. Pese a ello, los expertos aseguran que este cambio dos veces al año altera el ritmo biológico y puede ser negativo para la salud.
