Javed Iqbal

Hace veinte años, Javed Iqbal, uno de los asesinos en serie más atroces que Pakistán jamás haya descubierto, murió en circunstancias no del todo claras. No es casualidad que se le conociera como “el monstruo de Lahore“.


Se atribuyen a Iqbal cien asesinatos de niños de entre 6 y 16 años. Los niños lo seguían hasta su casa, donde Iqbal los violaba, los estrangulaba, los cortaba en pedazos y los disolvía en ácido. Finalmente, se deshacía de los restos arrojándolos al río Ravi, pero conservó fotos y algunas vestimentas de sus víctimas.


Los asesinatos se produjeron a lo largo de seis meses, durante 1999, según confesó el propio Javed Iqbal a la policía. El motivo, sin embargo, no está claro. Inicialmente, Iqbal dijo que había matado por venganza, para hacer sufrir a otras madres como la suya cuando fue detenido y golpeado por la policía. Sin embargo, posteriormente se retractó, dando explicaciones aún más contradictorias.


El juicio contra Iqbal demostró su culpabilidad y dio lugar a una sentencia de muerte. La sentencia pasó a la historia por su brutalidad, porque el juez anunció que la ejecución del asesino seguiría su propio modus operandi. En otras palabras, Javed Iqbal sería estrangulado, cortado en pedazos y disuelto en ácido.


Sin embargo, la sentencia nunca se ejecutó. Ni de esta manera ni de ninguna otra. De hecho, Iqbal fue encontrado muerto en su celda el 8 de octubre de 2001, junto con un cómplice. Según la versión oficial de las autoridades paquistaníes, los dos hombres se suicidaron utilizando sábanas para ahorcarse. Sin embargo, en ese momento también corrían rumores de asesinato.

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