La más reciente entrega del Expediente Warren ha estado envuelta en controversias y acusaciones de fraude. Aquí la historia completa.
En 2021, tras el atraso debido a la pandemia, llegó la última entrega del Expediente Warren, The Devil Made Me Do It (Obligado por el demonio en España). Es bien sabido que la tramas de cada una de los filmes de esta saga son basadas en hechos reales, tomados de los casos que tuvieron que enfrentar en la vida real los demonólogos Ed y Lorraine Warren. La historia de esta película no es la excepción, ya que sigue un caso de asesinato denominado por las autoridades fiscales de Estados Unidos como: «Obligado por el demonio.»
La creación cinematográfica narra el inquietante caso real de Arne Cheyenne Johnson, un joven que en 1981 fue acusado de asesinar a su casero, Alan Bono. Durante el juicio, Johnson argumentó que estaba poseído por un demonio en el momento del crimen, lo que le llevó a cometer el asesinato, convirtiéndose en un evento mediático sin precedentes por ser la primera vez que una defensa legal alegaba posesión demoníaca en un juicio por asesinato.Warner Bros. decidió lanzar la película con el mismo nombre del caso.
Más ficción que realidad
Antes de este trágico suceso, Arne Johnson convivía con la familia de su prometida, Debbie Glatzel. Su hermano menor, David, de 11 años, había comenzado a experimentar visiones perturbadoras de un hombre con apariencia demoníaca. Esto llevó a la familia a contactar a los famosos investigadores paranormales Ed y Lorraine Warren, quienes intentaron exorcizar al niño. Durante este proceso, según los relatos, Arne habría retado al demonio a dejar en paz a David y poseerlo a él.
Tras meses de supuestos comportamientos extraños por parte de Johnson, el 16 de febrero de 1981 ocurrió el asesinato. En un ambiente tenso, tras una discusión con Alan Bono, Johnson lo apuñaló varias veces. Aunque su defensa alegó posesión demoníaca, el juez rechazó este argumento, y Johnson fue declarado culpable de homicidio involuntario, cumpliendo cinco años de prisión.
La película se inspira en estos hechos, aunque dramatiza y exagera ciertos elementos. Los Warren no encontraron pruebas de maldiciones ni de más episodios de posesión en la vida de Johnson, y tampoco se reportaron incidentes durante su tiempo en prisión. Además, el propio hermano de Debbie, Carl Glatzel, declaró más tarde que David nunca estuvo poseído, sino que padecía una enfermedad mental.
Este caso, como muchos otros investigados por los Warren, ha sido objeto de controversia y acusaciones de fraude. A pesar de las críticas, la franquicia de Expediente Warren ha sido un éxito comercial, popularizando historias de posesiones y fenómenos paranormales basadas en sus investigaciones.
