Colleen Adams y su esposo Geoffrey, vivían a las afueras de la península de York en Australia, en un pequeño pueblo llamado Maitland. Alejados de la televisión, los móviles y los coches, disfrutaban de la vida rural en compañía de sus dos hijas pequeñas, hasta que un día todo cambió.

Geoffrey avisó a sus hijas de 3 años y 1 año y medio que su madre decidió abandonarles. Según él, cuando llegó de su trabajo en 1973 le encontró con dos cajas armadas con las que se marchó en un coche conducido por una mujer que no pudo identificar. «Adiós, pequeños bastardos», fueron las últimas palabras de Collen, según Geoffrey.

La familia de Collen, reportó su desaparición y empezó la investigación por parte de las autoridades. En primer lugar entrevistaron a Geoffrey, quien comentó que Collen sufría de depresión postparto y había puesto en evidencia sus ganas de irse de casa. Por el contrario, su familia argumentaba que ella era una mujer muy responsable, enamorada de sus hijas, alguien que nunca las abandonaría sin más.

Luego de hacer revisiones periódicas en el hogar donde vivió la familia, se percataron de que luego de la desaparición de Collen, Geoffrey había puesto una plancha de concreto en el jardín. Excavaron en el sitio, pero con encontraron nada. Años después, 45 luego de la desaparición, el interés por el caso volvió a salir a la luz y deciden excavar una vez más, por lo que se lo notifican a Geoffrey, quien se había mudado del pueblo.

En ese momento, el hombre confiesa finalmente que mató a su esposa dándole dos golpes en la cabeza con un objeto metálico: «era imposible vivir con ella». Dejo su cuerpo en la cocina ese día, mientras sus hijas estaban en cama, y al día siguiente la enterró en el jardín. La primera vez las autoridades no habían cavado demasiado profundo.

Geoffrey fue culpado de homicidio involuntario y estaba a la espera de su sentencia cuando fue diagnosticado con cáncer de cerebro. Murió a los pocos días. Sus hijas vivieron un sentimiento confuso, primero debían asimilar que su madre si las quiso, nunca las abandonó y por el otro entender que su padre nunca había sido la víctima, reseñó DailyStar.

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