Dieta crudista, fuera la sartén

Muchas veces empleamos la palabra dieta como sinónimo de régimen. No es lo mismo: una dieta es más que la inclusión o supresión de determinados alimentos en nuestras comidas, es un hábito de vida, una filosofía. La dieta crudista aboga por el consumo de alimentos sin cocinar. ¿La conocíais ya?

De origen japonés, este tipo de dieta defiende que los alimentos crudos son ricos en antioxidantes (es decir, retrasan el envejecimiento de nuestras células), evitan la acidez de estómago que en ocasiones provocan las comidas cocinadas e integran altos valores nutricionales así como enzimas digestivas.

Aunque ya hay mucha gente en occidente que se acoge a la dieta crudista igual que a la vegetariana o vegana, hemos de admitir que aún no tiene cabida, por ejemplo, en Europa. Ni en nuestras cocinas ni en el diccionario; de hecho, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) no reconoce el vocablo “crudista”.

Los cereales, los frutos secos, la fruta… todos ellos son alimentos que se ingieren crudos, pero ¿y la carne y el pescado? La especialidad en pescado es el sushi, mientras que la carne se presenta en platos como el Basashi (carne de caballo cruda) y el Muktuk (carne de ballena cruda), entre otros.