Sin identidad cambia de identidad

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María Fuentes (personaje interpretado por Megan Montaner) da paso a Mercedes Dantés en Sin identidad, cuyo último capítulo de la primera temporada se emitió el pasado 10 de julio y, aunque no de manera oficial, se ha confirmado que habrá segunda temporada. Trepidante, interesante, atractiva esta ficción de Antena 3. Eso sí, un episodio final algo precipitado. ¿Prisas por empezar una nueva trama? ¿Un epílogo improvisado quizá?

El caso es que lo que empezó con mucha intriga, pocos datos revelados y un ritmo pausado (que se acusó a partir del segundo capítulo, por lo que bajó unos cuantos puntos la audiencia) se ha desatado hasta el extremo de adelantar 10 años la historia protagonizada por Megan Montaner, Daniel Grao, Tito Valverde, Miguel Ángel Muñoz, Jordi Rebellón y Lydia Bosch, entre otros rostros populares del panorama interpretativo.

Un secuestro fugaz, una explosión fortuita, aparentemente por un ajuste de cuentas en el lugar donde debía estar María Fuentes junto al hombre que la compró, y un entierro visto y no visto ponen punto final a la primera temporada de Sin identidad, que, en este última entrega revela más información que en toda la temporada junta.

Niños robados, secretos y venganzas sin consumar

Recordemos que María Fuentes es adoptada por Francisco (Jordi Rebellón) y Luisa (Lydia Bosch), hecho que deciden ocultarle a la joven, quien a los 27 años descubre accidentalmente la verdad.

Ayudada por Juan (Daniel Grao) y Pablo (Eloy Azorín) encuentra a su madre biológica, Fernanda (Victoria Abril). Sorprendida de las condiciones en que esta vive, más asombrada se queda María al comprobar que tiene una hermana melliza, Amparo (Verónica Sánchez).

La cosa se lía mucho más cuando Amparo deja su pueblo natal de la Andalucía más profunda y se instala en casa de María, se entromete en sus asuntos y pretende usurpar hasta su propia vida.

Para ello, Amparo ayuda al tío de María, Enrique (Tito Valverde), a alejar a la chica de la investigación de niños robados que le implica directamente a él, puesto que eso no lo podría soportar un prestigioso médico, inmerso, además, en política.

Un funeral y ninguna boda

Un final amargo si no fuera porque la protagonista nos ha ido mostrando su vida diez años después, tras permanecer presa en una cárcel china, acusada de asesinato y algunas cosas más. Pero, al fin y al cabo, viva. Viva, para “volver a la familia y, desde dentro, llevar a cabo la venganza”. Ahora solo queda esperar a ver cómo enfocan los productores de Diagonal Tv la serie y cómo lo ve la cadena emisora.

 


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